Las tecnologías de la información son tan antiguas como la historia misma y han jugado un importante papel en la misma. Sin embargo, no ha sido hasta tiempos recientes que mediante la automatización de su gestión se han convertido en una herramienta imprescindible y clave para empresas e instituciones.
La información es probablemente la fuente principal de negocio en el primer mundo y ese negocio a su vez genera ingentes cantidades de información. Su correcta gestión es de importancia estratégica y no debe considerarse como una herramienta más entre muchas otras.
Hasta hace poco las infraestructuras informáticas se limitaban a dar servicios de soporte y de alguna forma eran comparables con el otro material de oficina: algo importante e indispensable para el correcto funcionamiento de la organización pero no más.
Sin embargo, en la actualidad esto ha cambiado y los servicios TI representan generalmente una parte sustancial de los procesos de negocio.
Como un código de buenas prácticas dirigidas a alcanzar esas metas surge un conjunto de buenas prácticas para la gestión de tecnología informática dentro de las organizaciones llamado ITIL (Biblioteca de Infraestructuras de Tecnologías de la Información). Estas buenas prácticas son un enfoque sistemático del servicio TI centrado en los procesos y procedimientos de la organización y que establece estrategias para gestión operativa de la infraestructura de TI alineándolo con los objetivos estratégicos de la organización. (ITSMF, 2009).
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